La siesta entra y sale de la cocina, la luz juega con su vestido, lame los bordes de las sillas, el bochorno del verano pega las pieles, el gato se estira perezoso en el piso.
Cada tanto las hojas del paraíso, eclipsan el sol, los carreteles se mueven por el piso.
El olor a la quietud, a la ciudad en calma, las hojas del diario, dando vueltas de a poco con una pausada lentitud.
Calma.
Un aroma a tierra hirviendo que inunda la casa que llena el piso de tierra, que agujerea el recuerdo, el vestido que se para la silueta en el umbral de la puerta el anuncio de la retirada, la amenaza del ruido.
Un crujido de hojas que se quiebran al caminar, el agua entrando en la garganta, secando la sed.
El entrecerrar los ojos, a la espera del olvido, que llegue el olvido, la suave solución de un recuerdo que no existe más.
El vestido que roza el piso, el calor, esperar la lluvia, el anuncio inminente de la lluvia.
Y ahí en el diario, la foto que sonríe, el suceso repetido una y otra vez llenando la casa, el patio los árboles.
La foto con el rostro sonriente, el clásico blanco y negro, el sabor de la tinta, los pies descalzos.
El gato que se estira en el piso, que mueve los carreteles el único sonido que quiebra el silencio pesado de la siesta, todo que vuelve como un torrente imparable, ella corriendo hasta el auto, él cerrando la puerta los últimos ojos que se fijan y ya no poder alcanzarlo, el doblar el irse el quedarse para siempre en un continúo estado de espera, esperar, esperar esperar…
Los años que pasaron, esa foto tan igual pero tan diferente, lo recuerda ahora la siesta quemándoles los pies las risas apenas pudiendo …esperar…esperar… desarmarse en puntas de pies intentando llegar más allá, esperar….esperar… esperar…. Los besos y las promesas, el cuerpo que se deja acostar suavemente, la respiración agitada el dolor dulce que recorre la columna y temblar de locura y esperar… esperar… y esperar…
La foto en el diario, las palabras que tan bien lee, el fin de la espera anunciada, esposas e hijos…
Se sienta en silencio y con una renovada paciencia extiende el vestido que antes era blanco y continúa cosiendo encajes y tules… afuera llueve.



