Sé que te gusta mirar la lluvia, a mí también, me gusta o me gustaba, hoy no estoy segura de nada.
Lentamente movió el vaso, el sonido del hielo chocando contra el vidrio le pareció misterioso.
¿Cómo había comenzado todo? Al principio bastaba con el tiempo compartido, el suficiente para conocerse encantarse y desencantarse. Entonces vinieron los celos hiriendo lentamente las sospechas, cuando al fin la confirmación cayó sobre las cartas del tarot ya no hizo falta nada mas.
Escuchó un pequeño gemidito agudo, a esta altura ya había aprendido a descifrarlos, no expliques, deja, no hace falta.
Aparecieron las ataduras a la cama, el esconder las llaves, el no dejar salir, el cortar de a poco los pies, para verlo siempre, para vigilarlo.
Él se fue dejando hacer sin protestar ni quejarse, aceptando no más.
Asistió a la transformación lenta del hombre hacia el homúnculo, al principio le pareció un capricho de sus ojos, el como las cadenas se le caían de las manos y se hacía cada vez y más pequeño.
Entonces se le ocurrió meterlo en el frasco, así era más cómodo además podía llevarlo a pasear y hacerlo tomar aire.
Desde allí asistió el homúnculo a las escenas de sexo, a los quejidos al deleite de la mujer con otros hombres.
El sonido del agua hirviendo la alejo de lo que pensaba.
Esta noche es el fin, por la tarde habían salido como todas las tardes a la plaza del barrio, el pequeño insecto había mirado con asombro las piernas de una mujer que pasaba por ahí.
Eso produjo en ella un ataque feroz, abrió el frasco y lo tiro compulsivamente, el cayó por suerte en su vestido y con las pocas fuerzas que le quedaban logró llegar hasta el bretel sobre el pecho agitado se durmió exhausto.
Ella destapa la olla que hierve, ve desprenderse la piel, luego el hueso blanco y crujiente, lentamente se lo devora.
